A menudo, las fuentes literarias griegas han sido la lumbre que ha guiado a los arqueólogos en la búsqueda de yacimientos que expliquen la historia antigua de los pueblos de Europa. En algunos casos, las campañas arqueológicas fueron un éxito desvelando misterios y derribando mitos. Pese a que Tartessos aún tiene mucho de leyenda y poco de historia, las excavaciones en yacimientos como Turuñuelo (Badajoz) están marcando un punto de inflexión que puede ser definitivo. ¿Descubriremos de una vez por todas el origen, desarrollo y desaparición de la civilización más misteriosa del Occidente europeo?
Un edificio de dos plantas de hace 2.500 años puede ser el eslabón perdido de la cultura tartésica. En torno a él huesos humanos, vasijas, platos, restos de esculturas y muchos animales: huesos de más de 20 caballos, 3 vacas, cerdos, ovejas… Todo ellos sacrificados en una ¿ceremonia ritual? solo comparable a las que se describían en el Antiguo Testamento. Pero los arqueólogos prefieren poner de relieve el edificio, caracterizado por su escalinata monumental “única en el Mediterráneo occidental de la época”.
]]>We still don’t know just how the first life emerged on Earth. One suggestion is that the building blocks arrived here from space; now, a new study of several carbon-rich meteorites has added weight to this idea.
Using new, extremely sensitive analysis techniques for these meteorites, a team led by scientists from Hokkaido University in Japan detected organic compounds that form the very backbone of the nucleic acid molecules common to all life as we know it – DNA and RNA.
The researchers analyzed three carbon-rich meteorites: the Murchison meteorite which landed in Australia in 1969, the Murray meteorite which landed in Kentucky in 1950, and the Tagish Lake meteorite which fell to Earth in 2000, landing in British Columbia.
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